Al principio, fue un simple choque de labios, un gesto impulsivo que parecía más un instinto descontrolado que una decisión consciente. Sin embargo, Reinhardt no tardó en profundizar el beso. Comenzó a mover sus labios lentamente, explorando, hasta que con cierta fuerza y suavidad introdujo su lengua, trazando movimientos sensuales que parecían buscar someter a Jordan en un ritmo que este no podía seguir.
Jordan sintió el sabor metálico e inconfundible de la sangre. Se estremeció, sabiendo que