Zaid, como cada vez que entraba a aquella habitación, lo hizo llevando consigo uno de sus látigos. Esa vez llevaba consigo el látigo de múltiples colas, el más cruel, el que desgarraba la piel con cada golpe, pero no tuvo oportunidad de usarlo.
Jordan fue rápida, muy rápida. Con un movimiento veloz, logró arrebatarle el látigo antes de que él pudiera siquiera reaccionar. Sin pensarlo dos veces, lo levantó y lo azotó contra el cuerpo de Zaid. Lo golpeó donde pudo: en el brazo, en la espalda, en