Poco después, Charlie fue al salón y regresó a la habitación con el cliente. El hombre ahora llevaba algunas vendas pues el médico del cabaret le había tratado las heridas del rostro. Este señor, que tenía por nombre Javier, mostraba un semblante hinchado y lleno de rencor. Su mirada se incrustó en Jordan y transmitía su desprecio a través de sus pupilas.
Había estado sumamente borracho, pero el golpe en la cabeza y los puñetazos de Jordan hicieron que su estado de ebriedad se disipara un poco.