Mientras en la casa de los Lambert, el señor Lambert y la señora Victoria bebían y comían de los bocadillos que la servidumbre había llevado. No había otra cosa de la que hablaran ahí que no fuera de negocios y de más negocios.
—Al menos mi nieto está haciendo algo bien —dijo el señor Lambert claramente molesto aún por lo que no había logrado hacer en esa mañana.
Iba de camino a la casa de los Bennett cuando la llamada de Enrique lo hizo desviar su camino solo para decirle que necesitaba hab