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A la mañana siguiente, un hermoso sol me despierta deslumbrando mi cara deslavada. Yo me siento muy feliz y completa. A mí lado ya no está el doctor Mark, así que me levanto y me pongo sus pantuflas y su suéter de lana que me tapa lo suficiente como para salir hacia la sala.
Yo lo busco como una loca y al llegar a la sala, me doy cuenta que está sentado ahí con un nuevo traje color azul marino y su bata. Parece tranquilo leyendo el periódico, con una sonrisa me acerco a él mientras mis pie