—¿P-puedes por favor… no hablarme así? —tartamudeó, incapaz de sostenerle la mirada—. Es que… no estoy acostumbrada… y…
Una risa baja, profunda y completamente burlona retumbó en su pecho.
—Entonces ¿cómo exactamente quieres que te hable? ¿Así? —Su tono se suavizó deliberadamente hasta volverse absurdamente florido y dulce—. «Grasya, voy a amarte con una pasión tan feroz que cuando nuestros cuerpos se unan por fin, cada momento será pura y celestial dicha».
Chasqueó la lengua contra los dientes