Aquella mañana, como comenzaba a hacerse costumbre, Giovanni despertaba una vez mas en su cama. El hombre insistía en dormir junto a ella, para impregnarla de su aroma antes de “su apareamiento”. Aquello era ridículo, demasiado para procesar y, por supuesto, no terminaba de entenderlo y mucho menos de acostumbrarse. Terminaba de hacer un gorro de aluminio, igual a los de una película de extraterrestres que vio una vez, esperando que con eso Giovanni no volviera a entrar en su mente.
Mirándolo d