59. Destino
—No, solo... no sé a qué viniste —dijo, reprimiendo un temblor en su voz.
Trató de parecer indiferente, pero cada palabra se sintió como un desafío que no estaba lista para enfrentar. Andrea se dio unas palmadas mentales, felicitándose por lograr la expresión de desconcierto, molestia y vergüenza en él.
Sin embargo, las risas de burla de su hermano la hicieron sentir la peor persona del mundo al ver a Javier con las mejillas encendidas, mirando a Efraín de mala manera.
Sintió algo en el estó