37. Lazos Inquebrantables
Javier despertó con una sonrisa, y palpó al lado, su cuerpo, exigiendo el de Andrea para volver a sentir su calor cobijando su miembro erecto. Pero al abrir los ojos, la encontró en el sillón de la esquina, con el rostro tenso y angustiado.
—No puedo quedarme —susurró ella, evitando su mirada—. Alberto…
—Al diablo con ese cabrón —espetó Javier, incorporándose—. No voy a permitir que vuelvas con él.
Andrea se levantó de un salto, buscando su ropa, frenética.
—No lo entiendes. Él tiene…
—¿Qué? ¿P