29. En sus manos
Gotas de lluvia salpicaban el cristal de la ventana y Andrea sonrió al observar a una pareja que jugaba bajo la tormenta. Parecían tan enamorados que por un momento sintió una aversión inexplicable contra ellos.
Gritaban y reían como si estuviesen solos en aquel lugar, y la forma en que se miraban era tan auténtica, que le provocó un nudo en la garganta y una opresión en el pecho que bajó hasta su estómago, formando una especie de nudo casi doloroso.
Había pasado una semana desde la llamada de