LETIZIA DELPHINE
—¡¿Qué?! —pregunté irritada.
—Es mi pene, señorita Letizia. Me pongo duro cada vez que estamos cerca. ¿Quieres que te lo traduzca a otro idioma? —Blaze respiró hondo—. Lo que estás sintiendo en el estómago soy yo poniéndome duro.
Le tapé la boca con la mano.
—¡Lo entiendo! No tienes que decirlo —dije, fulminando a Blaze con la mirada.
Estaba a punto de apartarme cuando sentí que Blaze besaba la palma de mi mano que cubría sus labios.
Me miró mientras lo hacía. Sentí una descarg