Francesco le hizo la pregunta a Lea con la desesperación dibujada en el rostro. Ella se le quedo viendo a través de las lágrimas, sin poder responder porque su garganta apresaba las palabras y Francesco acorto las distancias rodeando el auto para llegar al lado por el que había descendido Lea y sin decir nada la acogió entre sus brazos. Fue un abrazo sincero, cálido, de disculpa muda, de contención, de cariño, de protección. Estaba expresando con aquel gesto lo que las palabras no alcanzaban a