Laura no pudo contener la risa.
—Patricia, ¿has oído lo que dice tu ahijado? ¡Date prisa y busca un padrino para él! —le guiñó un ojo a Patricia.
—Conozco a muchos hombres destacados, ¿quieres que te presente a alguno? —Santiago colocó el tazón de sopa frente a Laura, con su habitual voz suave y una ligera sonrisa en el rostro.
—¡Claro! Preséntale uno a Patricia. Que sea guapo, dulce, atento, que no ande de juerga por ahí y, mejor aún, ¡que tenga abdominales marcados! —Laura lo dijo todo de un t