Un dolor indescriptible atravesó a Miguel al escuchar la fatídica noticia sobre la muerte de Laura. Como si un martillo invisible le hubiera golpeado el pecho, su rostro se tornó blanco como el papel, sus ojos se abrieron desmesuradamente, revelando una mezcla de incredulidad y profunda angustia.
Sus labios temblaban, moviéndose sin poder emitir sonido alguno, mientras sentía una violenta oleada de sangre subiendo por su garganta. Tras un gemido ahogado y profundo, la sangre brotó sin previo avi