Al no escuchar respuesta, Miguel frunció el ceño, dudando si realmente no lo había oído o fingía no hacerlo. Después de un momento de vacilación, empujó la puerta para abrirla.
—Laura, ya llegué —cerró la puerta y avanzó con las flores en brazos, solo para encontrarse con un desastre en la cama que lo hizo detenerse en seco.
El marco de su foto de bodas estaba hecho añicos, con fragmentos de vidrio esparcidos por toda la cama. La fotografía yacía descuidadamente sobre las sábanas, con la imagen