Al oír la voz de Emiliano, Laura se quedó perpleja por un momento antes de comprender el significado de sus palabras y mirar rápidamente bajo la mesa.
¡Estaba pisando el pie de Emiliano!
En su enojo, ni siquiera se había fijado en la dirección, simplemente había pisado con fuerza.
—Abuelo, lo siento mucho... —se disculpó Laura repetidamente, con el rostro enrojecido.
—¡Todo es tu culpa! ¡Hmph! —Emiliano, que entendía perfectamente la situación pues también había sido joven, decidió descargar su