—Laura, no te preocupes por mí, estoy bien. Mejor dime, ¿cómo estás tú? ¿Fuiste al hospital? ¿No te pasó nada? —preguntó Emiliano con voz suave, como si temiera asustarla a través del teléfono. Laura, que solo había fingido el desmayo y no había prestado atención al estado de Emiliano, respondió:
—Estoy bien también, no necesito ir a revisarme, no hay que gastar dinero innecesariamente —soltó una suave risa—. ¡Guardaré el dinero para comprarle cosas ricas al abuelo!
—¡Qué niña tan buena y consid