Santiago escuchaba mientras el odio invadía a Maite, deformando su expresión: —Santiago, ¿tanto la amas?
¡Laura solo era una cara bonita! ¿Cómo podía tener a Santiago tan devotamente enamorado? ¡Cómo odiaba a Laura y a Santiago!
—Maite, ¡recuerda tu palabra! —Santiago evitó responder su pregunta. Ya no importaba si amaba a Laura o no, sino lo que podía hacer por ella.
—¡Prometo no atacar a Laura! Y siendo así, olvidemos la cena y casémonos la próxima semana —las lágrimas brotaron de los ojos enr