Emiliano alzo la voz de la rabia.
—¡No voy a apostar contigo! De todos modos, si Laura ya no te quiere, ¡ni se te ocurra venir a buscarme! ¡Qué vergüenza me dan!
Dicho eso, se puso de pie y se dirigió a la puerta.
¡Miguel se creía mucho al pensar que Laura no lo dejaría, ya se arrepentiría!
Miguel levantó una ceja, tomó el sobre y lo siguió hacia afuera.
Laura ya había bajado las escaleras hace rato.
Fernando notó su mal semblante y se preocupó un poco.
—Señora, ¿te sientes mal? Te ves muy pá