Enza apretaba las correas de su mochila que contenía sus pertenencias para el viaje mientras seguía al jeque a través de esta jungla salvaje con inquietud. Él golpeaba las plantas con fuertes golpes para abrirse paso en este largo pasillo de vegetación espesa. En esta densidad, el sol no podía atravesar el dosel, lo que hacía que la jungla fuera muy oscura pero extrañamente hermosa gracias a los rayos de luz que se filtraban a través de los altos árboles.
A medida que avanzaban, Enza sentía que