José Luis se acercó con preocupación y colocó su mano en la pierna de ella, a modo de estar indignado por lo que ha escuchado.
— Amor, dime que no es cierto que seguirás con la absurda idea de que nos divorciemos.
— ¿Y por qué no?, si eso es lo que yo más deseo en este momento, separarme de un hombre que solo me trae dolores de cabeza cuando me doy cuenta de que se revuelca con cuanta mujer se le cruce por sus ojos.
— Pero ya la escuchaste, mi amor, yo… yo no tengo padres… ellos murieron cuando