Hiz estaba sentada en un sillón, al lado de una ventana en la cual se podía observar el bosque oscuro. La luz del interior de la oficina en la cual Ben la hizo entrar, era blanca y el espacio se veía moderno: blanco y con computadores táctiles y pantallas azules flotantes que mostraban algoritmos intendibles para Hiz.
Ben trajo una taza de té de canela caliente y se lo ofreció a la chica. Se sentó frente a la joven, sobre el escritorio de cristal, traía un pocillo para él también y le dio un so