Dober estaba dormido a su lado, con un brazo rodeando la cintura de Hiz. Estaban acostados a medio lado, con sus rostros cerca; un poco más y las puntas de sus narices se rozarían.
Las pestañas de Dober eran largas y tupidas, haciendo un arco ascendente. No eran del todo negras, se veían un poco violetas.
Es un ser de otro mundo, pensó.
Su piel parecía porcelana. Y sus labios rosados claros, delicados; Hiz no podía creer que la noche anterior los había besado.
Mientras lo contemplaba, se dio cu