Xander me había dicho que descansara, que volviera a la cama. Pero, aunque lo intenté, no conseguí dormirme o sentirme cómoda acostada. Mi cabeza era un caos, pensaba en demasiadas cosas al mismo tiempo y, a la vez, sentía que mis pensamientos estaban vacíos.
Estaba sentada en el borde de la cama, con las piernas cruzadas y la vista perdida en las vetas del suelo. El aire del apartamento de Xander se sentía más tibio que de costumbre, como si también él se hubiera impregnado de la intensidad de