Desperté envuelta en calor, acurrucada contra un pecho firme que subía y bajaba con un ritmo pausado. Me tardé unos segundos en recordar dónde estaba, pero lo que más me desconcertó no fue el lugar, sino el hecho de que Xander me sostenía en brazos.
Su mano acariciaba mi cabello con una delicadeza que nunca hubiera imaginado en él. Sus dedos se deslizaban entre mis mechones con movimientos lentos, acompasados, casi... protectores. Y estaba tarareando. Una melodía baja, sin letra, como si solo e