El aire seguía impregnado de lo que habíamos hecho. Todavía podía sentir su piel contra la mía, el peso de su cuerpo, el temblor de nuestras respiraciones entrecortadas. Todo estaba en silencio, pero no era un silencio cómodo. Era denso. Lleno de todo lo que no sabíamos cómo decir.
Xander seguía ahí, sobre mí, con la mirada perdida en la curva de mi cuello, como si temiera que, si me miraba a los ojos, todo se derrumbaría. Sus dedos rozaban mi brazo de forma distraída, como si no pudiera soltarm