El salón estaba repleto de conversaciones cruzadas, risas educadas y el tintineo constante de copas de cristal. Las luces cálidas y el ambiente cuidadosamente curado irradiaban elegancia y éxito, pero yo apenas podía concentrarme en nada de eso. A pesar de que Adrian seguía a mi lado, proyectando esa seguridad inquebrantable que siempre lograba calmarme, mi atención gravitaba inevitablemente hacia un punto específico del salón.
Xander.
Él y la mujer rubia que lo acompañaba parecían perfectament