No intenté dormir de inmediato.
El peso de lo que acababa de declarar allá afuera seguía latiéndome bajo la piel, como si cada palabra que le había lanzado a la luna estuviera grabada en mis huesos. Mañana. Mañana les mostraré cuál Luna vuelve a alzarse. Era un juramento. Y los juramentos, en nuestra historia, nunca habían sido cosa ligera.
Di unos pasos hacia el interior, dejando atrás la bocanada de aire frío que se colaba en la entrada. El contraste con el calor del fuego fue casi violento.