El viaje de regreso fue una marcha fúnebre. Cada paso que me acercaba al territorio de Umbra Lux se sentía como un clavo más en mi propio ataúd. El aire vibrante y libre de las montañas de Ashen dio paso a la atmósfera estancada y pesada del bosque del clan, un lugar donde los árboles parecían susurrar traiciones y las sombras ocultaban recuerdos dolorosos.
Mi cuerpo era un mapa de la derrota que debía proyectar. La herida en mi brazo, reabierta por Ashen, ardía con un dolor sordo y constante.