El estruendo de la taberna pareció desvanecerse hasta convertirse en un zumbido sordo y lejano. El mundo se redujo a la superficie de madera gastada de la barra y a los ojos de Bram, dos pozos oscuros que amenazaban con absorber mis mentiras y dejar al descubierto la verdad en carne viva. Su pregunta no era una simple muestra de curiosidad; era una llave girando en una cerradura. Si le daba la respuesta equivocada, la puerta no solo no se abriría, sino que probablemente me encontraría con una d