Una sombra cruzó los ojos de Alex, un destello de algo que se parecía sospechosamente a la culpa. Abrió la boca para hablar, pero las palabras parecieron quedar atrapadas en su garganta. Debería haberla valorado, protegido y colmado de amor. En cambio, le había presentado con frialdad un contrato, un matrimonio carente de calidez.
—Aquellas palabras... no debí haberlas dicho —comenzó—. De ahora en adelante, las cosas serán diferentes. Cuidaré de ti, de tus problemas. Ya no estás sola. Recuerd