Por otro lado, Alexander había llegado al hospital con una sensación de urgencia, ansioso por revisar personalmente los resultados de los análisis. Estaba tan absorto en sus pensamientos que había dejado el teléfono en el salpicadero, olvidándose por completo de él. Entró deprisa en el despacho de Gary, ajeno al hecho de que Beth lo estaba llamando.
Gary se sorprendió al verlo.
—¡Alex! ¿Está todo bien? —preguntó con preocupación. Supuso que el estado de Malcolm había empeorado.
—He venido por e