-Bruno Cicarelli-
-De que me gustas ¡Maldita sea! -Lo había dicho y es como si un elefante se hubiera levantado de mi espalda, que paz y tranquilidad que sentí- ¡Dios wow, lo dije!
Fue el segundo grito eufórico, cómo me había costado decir esa frase, no por ella, sino que por mí, era un cobarde con letras mayúsculas, negrillas y subrayado, tenía miedo a que ella se burlara de mí y me enrostrara mi bisexualidad o que me estaba aprovechando del momento. Todos estos años que hemos convivido como