Unas horas más tarde, el SUV negro de lujo enrolló una sinuosa carretera privada flanqueada por altos pinos y paredes de piedra cubiertas de hiedra. Parecía que estaban dejando atrás París y conduciendo directamente a un cuento de hadas.
El silencio en el coche era pesado, no incómodo, pero cargado. Damien se sentó a un lado, vestido con pantalones de carbón y una camisa negra ajustada, con la mandíbula apretada mientras miraba por la ventana tintada. Ava se sentó en el otro, con los dedos juga