17. Nuestros miedos
La voz era inconfundible pero estaban tan concentrados que se sobresaltaron, — ¿Nana?
— Si, por supuesto, volví y si se deciden a salir del ascensor podemos cenar.
Alexa se levantó y se recompuso la ropa con la cara totalmente sonrojada, — Te extrañamos mucho Nana, han pasado unas mil cosas en apenas un par de días— , dijo abrazándola.
— Si, me di cuenta por todos los medicamentos que había en la cocina, al parecer no fue un fin de semana fácil.
— No, el niño quiso jugar en la lluvia y luego le