Capítulo 36
Emma elevó el mentón. No se apartó. Al contrario, acercó sus labios a los de Benedict lo suficiente para que su aliento le rozara la boca. Su voz salió dulce, tranquila, con una calma que no era del todo real, pero sí convincente.

—Voy a pensarlo.

El brillo en los ojos grises de Benedict no cambió
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