Capítulo 124
La seda se deslizó por la piel de Angélica, acumulándose en un charco silencioso a sus pies. Con una calma que desafiaba la tensión del momento, retiró con lentitud cada pie por fuera de la tela, quedando expuesta ante la mirada voraz del Ruso. No tuvo que pensarlo demasiado; estaba ahí con un propó