Reina
Froté el mismo lugar hasta que mis brazos temblaron tanto que apenas podía sostener el cepillo. Me estaba muriendo, lo sentía así, pero por extraño que sonara, eso no era lo peor. Era el hecho de que si moría, nadie me extrañaría ni lloraría, y mi cadáver probablemente sería tratado como basura y menospreciado aún más.
Mierda.
El suelo de piedra hacía tiempo que había dejado de verse sucio. En realidad, había dejado de parecer nada. Mi visión se nubló hacía horas, convirtiéndolo todo en s