Los sirvientes trabajaban con rapidez en sus diversas tareas; comidas, vino y flores eran llevados al jardín para la recepción bajo la luz de la luna.
Se realizaba un paseo vespertino en el círculo interior del jardín real.
Los nobles se movían libremente, conversando bajo el sol brillante.
En un pequeño almacén escondido detrás de las habitaciones de los sirvientes, estos se habían ido hacía un rato, pero uno yacía en un charco de sangre.
Su ropa había sido arrancada y reemplazada por un vesti