—¿Qué pasa si no nos atrevemos a apostar? ¿Es eso un delito? —dijo Sebastián con voz enojada.
—Fue Valeria quien inició esta apuesta —dijo Paula, cruzando los brazos y mirando fríamente a Valeria, quien había estado en silencio todo el tiempo. —Solo hice una pequeña modificación en las reglas. Si ella no acepta, entonces, cuando apostó conmigo antes, estaba claramente tratando de engañarme.
—¡Chin...! —Sebastián estaba a punto de estallar en un arrebato de ira.
Estaba a punto de regañar a Paula