—¡Él no puede estar muerto! ¡Por favor, doctor, sálvelo! —Valeria tomó la mano del doctor, arrodillándose ante él—. Apenas está en sus veintes, no puede morir, te lo suplico...
—Lo siento, no hay nada más que pueda hacer —dijo el doctor, apartando la mano de Valeria.
Con la visión borrosa por las lágrimas, Valeria vio a Mauricio en el auto de Adrián.
Miró a Adrián y le dijo: —Adrián, por favor, ayúdame a salvar a Sebastián, ¿sí?
Adrián no respondió. Con el corazón destrozado, cubrió a Sebastián