Stefany salió de la mansión, arrastrando su maleta, sin saber exactamente a dónde ir. Mirar las calles de Las Vegas, sin estar en un lujoso automóvil, la dejaba trastornada. No quería tener que pasar la noche en la calle, sin un hogar o una cama en la que recostarse. Esta idea la aterraba tanto que casi caía en la desesperación.
Después de caminar durante casi una hora y sentir que sus pies ardían, llenos de ampollas, Stefany se detuvo frente a la casa que conocía bien. Allí había vivido muchos