Una simple fotografía había sido suficiente para desatar una ira atroz en aquella mansión lujosa. Una joven de piel morena clara y furiosos ojos castaños del mismo color de su cabello, hacia una rabieta tremenda frente a su servidumbre. Eran las 10 am, y el desayuno que se le había servido yacía desparramado por el suelo. La mayoría de los sirvientes miraban con desaprobación aquel acto, pero siendo Alexia D´Angelis era algo mucho más común de lo que debería serlo. Solo una de las sirvientas es