El horario de llegada siempre estaba pautado para las seis. Ni un minuto más. Eleanor era conciente del aluvión de reproches que tenía que soportar cada vez que rompía las normas. Así que, muy a su pesar, dejó de charlar con su cuñada y se dirigió hacia su casa. Apareció en el parque de la esquina y se apresuró en dar los pasos que la separaban de su hogar. Se extrañó de no ver el coche de Carlisle en el jardín. Entró rápidamente y se quitó el abrigo. Arnold como siempre la esperaba cerca de la