Encendió un cigarrillo. Era uno de los vicios que se le habían pegado desde que abandonó su faceta de buena persona, y decidió vivir alejado de todo lo que una vez amo. La habitación estaba a oscuras. La cama desordenada, era el mudo testigo de lo que había pasado hace instantes… sólo sexo… banal, sin sentido, pero buen sexo al fin. Era la rutina: llegar, saludar, coger, y largarse de ese asfixiante lugar. Para él, ella no se merecía más, y ella no se quejaba de ese trato. Se encontraba solo en