Mundo de ficçãoIniciar sessãoNa faculdade de ciência e tecnologia San Andreas, em Chicago, um grupo de alunos é desafiado a descobrir a identidade de um Hacker famoso na cidade que tem roubado dinheiro de ricos em diversos bancos de forma virtual e transferido para milhares de pessoas, na maioria delas, pessoas carentes e usuárias de programas sociais do governo. O codinome do Hacker é "Robin Hood", por motivos óbvios. Bianca Cupertino é uma estudante intercambista de programação de jogos, que teve sua faculdade completamente paga por Robin Hood. Apesar de não ser uma hacker, ela está fazendo de tudo para descobrir a identidade do homem que tem deixado o prefeito da cidade de cabelo em pé... E que tem mexido com seu coração.
Ler maisIDRIS DOYLE
—¡Qué gusto me da conocerte por fin! —exclamó la rubia en la mesa mientras me veía con aparente diversión—. Entonces, tú eres Idris, la asistente personal de Liam.
—Así es, señorita Spencer —contesté con una sonrisa mecanizada y tomando su abrigo del armario—. Su taxi la espera.
Mi deber siempre era despedir a las mujeres con las que se citaba mi jefe, entregarles educadamente su abrigo y encaminarlas hacia el auto que las estaría esperando para llevarlas a su casa, pero cada vez era más complicado convencerlas.
—Pero si la noche aún es joven y pienso divertirme en la cama de Liam —dijo entre risas mientras tomaba su copa—. Mejor guarda mi abrigo y danos privacidad, ¿quieres?
Liam estaba refrescándose en el baño, esperando a que, al regresar, la señorita Spencer ya no estuviera.
—No entiende, necesito que se retire, ya es muy noche y el señor Blake necesita descansar.
—No, tú eres la que no entiende. —Se levantó altiva y presuntuosa—. Se dice que te gusta frustrar los encuentros de tu jefe con otras mujeres. ¿Estás celosa de que él no te vea como nos ve a nosotras? ¿No entiendes cual es tu papel como su asistente?
—Señorita Spencer… —¿Cómo le podía explicar que sacarla de este lugar era petición de él y no mía?
—Idris… ¿qué hace ella todavía aquí? —preguntó detrás de mí Liam, haciendo que un escalofrío recorriera toda mi espalda.
—¡Liam! Creo que tu ayudante está celosa —dijo la mujer divertida, mordiendo el borde de su copa como niña pícara cometiendo una travesura—. Me imagino que se ha enamorado de ti y no parece dispuesta a compartirte.
Liam me miró fijamente a los ojos, como si dudara de lo que le había dicho esa mujer. Antes de que las manos de esa chica se posaran en su pecho, él se movió hacia la puerta. —Clark, lleva a la señorita Spencer afuera. El taxi ya debe de estar esperando.
De esa manera, su chofer, que al mismo tiempo era su mano derecha, se asomó por la puerta, mientras que Liam me arrebató el abrigo de la mano y se lo aventó a la señorita Spencer, antes de tomarla con brusquedad del brazo y arrastrarla hacia la puerta.
—¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me tratas así? —preguntó desconcertada sin poder detenerse.
—No pienso desperdiciar mi noche contigo, así que… largo. —La arrojó a los brazos de Clark y, antes de cerrar la puerta, le dedicó una mirada de repulsión que la recorrió de pies a cabeza—. Tal vez si tu plática no hubiera sido tan burda y vacía, de escaso gusto y refinamiento, las cosas serían diferentes… No me llames, yo te llamo.
Cerró la puerta antes de que la mujer pudiera quejarse y podía apostar que Clark se la llevó evitando que Liam pudiera escuchar los gritos de desaprobación. Con paso firme y la camisa desabotonada, trazó una línea recta con su andar, de la puerta a la habitación. Justo al llegar a mi lado, se detuvo, me vio con atención, como si quisiera leer mi mente, y suspiró.
—Tienes dos minutos… —Siguió su camino, haciendo que todo dentro de mí se revolucionara. Llevaba tanto tiempo trabajando para él que no podía creer que aún no me acostumbrara a su voz o a sus órdenes.
La única sirvienta con la que contaba el departamento corrió hacia mí, ayudándome a soltarme el cabello y retirarme el saco. Desde que comencé a trabajar para él, mi uniforme era un traje sastre entallado con una falda que dejara ver mis piernas desde la mitad de mis muslos hasta mis tobillos.
Entré a la habitación, desanudando mi corbatín mientras la sirvienta se precipitaba hacia el baño para preparar la tina con sales que perfumaran mi piel, pero antes de seguir desnudándome, la mano de Liam me sujetó con fuerza por la muñeca.
—Déjanos solos —le pidió a la sirvienta que parecía desconcertada y de un brinco se alejó de la tina y salió de la habitación.
—Fue mi error por no saber cómo despedir a la señorita Spencer a tiempo —acepté mientras él se plantaba frente a mí y seguía desabotonando mi blusa—. Si me da un minuto más…
—Shhh… —dijo con suavidad despojándome de la prenda.
Era la asistente personal de uno de los hombres más poderosos del país, dueño de una farmacéutica que dominaba el mercado y el hombre más codiciado no solo por su fortuna, sino por su belleza tan compleja. Era atractivo y su personalidad fría e inalcanzable lo hacía tan deseado.
No había mujer que no ambicionara su corazón y era común que él saliera cada semana por lo menos con tres diferentes, pero ninguna llegaba a su cama, ese era mi territorio.
Me hacía cargo de su agenda, de su café por la mañana y de organizar sus trajes para la semana. Realizaba cualquier encargo, compraba lo que él deseaba y contactaba a quien él quisiera, pero tenía reglas que no cualquiera tenía. Siempre debía de portar la lencería que él escogía para mí, debajo de mi uniforme y siempre debía de estar dispuesta a dejar que me tomara cuando así lo quisiera.
—Dime, Idris… ¿Tenía razón esa mujer? ¿Te estás enamorando? —preguntó mientras besaba mi cuello, haciendo que me derritiera.
—No, señor —contesté luchando porque mi voz sonara firme.
—¿Estás segura? —volvió a preguntar, tomándome por la cintura y girándome, buscando el cierre de mi falda para hacerla caer.
—Segura, señor… Esto es solo trabajo —contesté con las manos contra la pared mientras las suyas me tomaban con firmeza de la cintura y sus labios besaban mi espalda.
—Que nunca se te olvide —dijo contra mi oído mientras su mano me tomaba por el cuello—. Solo hay dos cosas que siempre debes de tener en mente. Uno, esto solo es trabajo, nada de sentimentalismos tontos. Dos, solo yo puedo tocarte, tu cuerpo es mío.
Y eso intentaba, siempre pensar que él era un hombre sin sentimientos, que solo buscaba placer y dinero, pero ¿cómo podía convencerme si había días que sus labios me besaban con ternura? ¿Cómo podía ignorar sus caricias tan suaves? ¿Cómo podía fingir que mi alma no vibraba cuando, después de follar, besaba mi espalda lentamente, dejando miel sobre mi piel?
Había noches en las que me hacía sentir especial sin necesidad de emitir ni una sola palabra. Estaba perdiendo la cabeza entre fingir que no me importaba y disfrutar de esos momentos de intimidad donde él dejaba de ser Liam Blake, el cruel CEO sin corazón.
CAPÍTULO 36BIANCA NARRANDOEu não consigo parar de chorar. Bill foi alvejado pelo FBI como a porra de um criminoso. Meu coração está estraçalhado, mas sei que ele morreu como um herói. E ele está bem vivo no meu coração.Me despedi de Brad, nós não tínhamos mais motivo para lutar. É muito difícil ver o seu herói e namorado morrendo. Aquela cena ficava se repetindo mil vezes na minha cabeça, então, decidi que ficar sozinha era melhor.Cheguei na minha casa chorando. A vida parecia sem cor, triste, eu não conseguia pensar em nada que não fosse Bill. Eu me sentei na cama, chorando, e depois me joguei nela. E então, decidi que queria relembrar de Bill, das fotos que tiramos, dos passeios que fizemos. Foi pouco tempo, mas foi marcante e intenso. Bill me fez uma pessoa melhor, me fez perceber coisas que eu jamais teria percebido sozinha. Me fez... Crescer como ser humano. Evoluir, eu diria.Liguei meu computador e comecei a mexer nas minhas fotos com ele. Eu estava sentindo um gosto agrido
CAPÍTULO 35BILL NARRANDODonovan saiu da minha cela tão revoltado que não percebeu que na hora que estava saindo, eu joguei minha blusa para impedir que a porta fechasse por completo. Se ele acha que irá me prender aqui, está enganado. Enquanto ele fazia sua saída triunfal, depois de ter me agredido o suficiente para deixar meu rosto mais roxo do que já estava, eu me preocupei em sair. Em sair dali de verdade.Me vi correndo pelos corredores da prisão. Eu estudei algumas prisões da cidade de Chicago porque sabia que primeiro ficaria em alguma delas, depois, seria transferido para algo maior dependendo do quanto irritei o prefeito maior. Eu estava fugindo de uma vida de merda dentro de uma cela de segurança máxima, e daria o meu melhor para conseguir... Mas acontece que nem tudo é perfeito e algo ferraria com meu plano.Eu consegui passar por três portas de acesso. Fechei meus olhos e tentei me lembrar do mapa da prisão, eu sabia onde eu estava, e estava tentando lembrar onde era a la
CAPÍTULO 34BIANCA NARRANDOQue circo ridículo fizeram para o Robin. O que o prefeito maior Donovan está pensando que irá ganhar com isso? É ridículo! Mas eles continuam.O prefeito começou seu discurso na televisão.— Caros moradores da grande Chicago... Aqui, na frente de vocês, está Robin Hood. Como sabem, ele é um malfeitor perigoso que vem invadindo a privacidade das pessoas, roubando dinheiro e transformando a cidade em um verdadeiro caos. Agora, a identidade desse homem está revelada.Era possível ouvir uma gritaria ao redor do discurso. Bill permanecia de cabeça erguida, pude ver até um pequeno sorriso se formar no canto de seu lábio inferior.— Ele não planejou nada em relação a isso? — Perguntei.— Ele nunca me falou nada disso. Se ele tem algum plano para passar por isso, o plano é totalmente dele e eu não sei nada. — Brad falou e eu neguei com a cabeça.— Isso é um inferno. Ficar sem saber se ele tem algo em mente ou não é um inferno também.Havia um burburinho enquanto o
CAPÍTULO 33BILL NARRANDOEstou sentado em uma cadeira, em frente a Donovan. Ele me olha nos olhos como um perfeito filho da puta.— Então, o famoso Robin Hood é o filho do prefeito do município de San Andreas. — Afirmou. Eu dei os ombros. — Robin sempre tem tantos discursos... O gato por um acaso comeu sua língua agora?Cruzei meus braços. Eles tiraram minhas algemas já que não podiam provar que eu era o Robin Hood. Todas as provas eram circunstanciais.— Se ele for o Robin Hood, não vai confessar. — Ouvi um policial sussurrar para Donovan.Eu sabia que era uma questão de minutos até o caos acontecer. O meu plano havia entrado em ação, e eu sei que em breve eles ficarão sabendo. Quando os aparelhos eletrônicos começarem a se conectar nas redes... Quando os dados começarem a ser jogados no meu data-base, quando minha inteligência artificial começar a agir... Esse país nunca mais será o mesmo. Eu vou ser preso, jogado em uma cela de segurança máxima, mas eu vou ter cumprido minha vinga





Último capítulo