Capítulo 30. Más allá del tesoro
Mikhail cumplió lo prometido a su esposa, ansiosa de revancha, y fue meticuloso y lento.
Agnes lo observaba con sus ojos azules brillando con luz fantasmagórica, sentada en un sillón cómodamente, en un vaivén de sensaciones, entre la fascinación y el terror.
Incluso, en ocasiones, era una tarea difícil de ver y su rostro palidecía, deseando darle fin a todo de una vez, aferrando la empuñadura de su daga de zafiros.
Pero ese hombre, desangrándose ante ella, merecía sufrir y se obligaba a no o