Capítulo 28. Tendiendo una trampa
En Helsinki, Kiana se hacía cargo con pericia de los trabajos importantes que Agnes le había encomendado.
Desde que trabajaba con ella, su vida había mejorado sustancialmente, consiguió una pequeña pero cómoda casa en las cercanías de la mansión Kasparov, y gracias a eso podía tener viviendo con ella a su hermano, atendido por una enfermera particular.
Estaba tan feliz, que a menudo olvidaba las penurias y vejaciones que había vivido.
Sabía que Mikhail no confiaba en ella, pero su alma era leal