Capítulo 82
El rastreador de datos era un peso frío y dentado en la palma de mi mano, una astilla de silicio y acero que guardaba el poder de decapitar el futuro de Alaric Blackwood. Era la prueba de alta traición, una soga digital para un hombre que había confundido mi invisibilidad con insignificancia.
Pero al deslizarme desde el despacho de Alaric de vuelta a los laberínticos pasillos del Ala Oeste, el aire pareció espesarse con un peligro de distinta naturaleza.
Todavía oía el pulso lejano