Mundo ficciónIniciar sesiónEn cuanto llegó Maritza al salón, varios de los pasajeros se acercaron a ella para saber de su estado de salud. La señora Russo fue la última en saludarla.
―¿Cómo está, niña?
―Bien, señora Russo, gracias, ¿y usted?
―Yo bien. ¿Cómo está su espalda?
―Bien, ya casi no duele. Muchas felicidades ―cambió de tema―, espero que le queden muchos años junto a







